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Miércoles 22 de enero 2020

¿Qué esperamos (realmente) de las ‘app’ para ligar?

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Ni flores ni bombones. Intentar conocer a tu ‘media naranja’ nunca había sido tan fácil. O, al menos, encontrar a otro que cubra eventualmente su puesto. Y es que las aplicaciones de citas se han convertido en una especie de Celestina 3.0 que, en la mayoría de los casos, tampoco acaba bien. Sin embargo, y a pesar de las desventuras y amores frustrados que nacen a raíz de estos tecnológicos encuentros, hombres y mujeres de todo el mundo continúan deslizando el dedo en la pantalla aceptando o rechazando al que podría ser (o no) el candidato perfecto.

“Aunque en el fondo sepan que los hombres que conocerán no van a responder a sus ideales siguen recurriendo a estas aplicaciones para encarrilar una energía amorosa que necesita ligarse a algún objeto tangible”, explica la psicoanalista Virginia Valdominos. “Necesitamos sentirnos especiales para alguien, aunque sea a través de una conversación por chat”, añade. Sin embargo, por regla general, hombres y mujeres no comparten las mismas intenciones, y como dice la experta, hay quien ofrece amor para conseguir sexo y quien seduce sólo por obtener amor. Algo difícil de diferenciar a través de una pantalla.

No obstante, el equipo directivo de Tinder defiende que, tras realizar un cuestionario a 300.000 usuarios de la aplicación, la conclusión es que el 80% de ellos, independientemente de su género, sí que busca una relación larga, y no sólo sexo casual. “No hay duda de que Tinder ha incrementado el número de conexiones en este mundo. Hemos brindado a las personas la oportunidad de conocerse como ninguna otra plataforma lo había hecho. En ese sentido, está cambiando el mundo. Es algo bello”, argumentaba el CEO de la ‘app’, Sean Rad, a los medios.

¿Ha cambiado la forma de encontrar el amor?

“La forma de amar de los seres humanos ha cambiado poco. Seguimos amando como hace miles de años, pero a esta forma de amar se han ido sumando nuevas concepciones a lo largo de la historia, escritas en la literatura”, cuenta la experta. “Aún se pueden encontrar formas paleolíticas de entender el amor, románticos del siglo XVI, pero desgraciadamente, son menos frecuentes”, añade. Pero según Valdominos, esta evolución no tiene que ver tanto con la vía de comunicación, sino con la ideología inconsciente que, como generación, hemos desarrollado sobre el amor. “Dentro de una sociedad capitalista, el sentimiento de propiedad privada trasciende también al plano amoroso, llegando a considerar que podemos poseer al otro”, advierte.

Lo que sí ha cambiado es la manera de conseguirlo. El medio. Sobre todo en aquellas personas a las que tradicionalmente les resultaba más difícil conocer a otra persona por vergüenza o baja autoestima. Así lo explica un estudio presentado en la American Psychological Association en el que se descubría que los usuarios de estas aplicaciones tienen una mala percepción de sí mismos.

Con la tecnología, como critica la psicóloga del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Sherry Turkle, “enviar mensajes, correos, publicar… todas estas cosas nos permiten presentarnos como queremos ser. Podemos editar, o sea, que podemos borrar, que podemos retocar la cara, la voz, la piel, el cuerpo; ni poco, ni mucho, sino lo justo”, y esa es la principal fuerza de las ‘apps’ para conocer pareja: muestras sólo lo que quieres enseñar y mantienes el control hasta que se produzca el encuentro. Porque cuando se trata de amor no basta con conocerse. De hecho, la psicoanalista reconoce que las parejas que se conocen a través de las redes sociales tienden a ser más complicadas que las que surgen en encuentros cara a cara. “Es como si esperasen encontrar a su pareja ideal, que nunca se corresponde con la realidad que tienen delante”, dice Valdominos.

 



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