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Domingo 20 de septiembre 2020

Por fin llega StarWars: Last Jedi

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Por fin llega StarWars: Last JediFoto:

El filme central de la nueva trilogía de Star Wars, octavo de la mítica saga galáctica que inició el estadounidense George Lucas y uno de los más esperados de 2017, llega esta semana a los cines de todo el mundo con la dirección de su compatriota Rian Johnson.

A priori, que le escogiesen para ocuparse de un proyecto de estas características y esta envergadura pudiera resultar extraño o difícilmente comprensible a los que conocen su trayectoria, que comenzó con el estupendo ejercicio de estilo que fue su opera prima, Brick (2008), de una cínica negrura estudiantil; que siguió con Los hermanos Bloom (2008), una ágil, juguetona y ligeramente surrealista película de estafadores; y con Looper (2012), una recia y, en ocasiones, asombrosa obra de ficción científica, acción y viajes en el tiempo. Además, Johnson pudo dirigir algunos de los mejores episodios de la valorada serie televisiva Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013), tales como “The Fly” (3×10) u “Ozymandias” (3×14). Y lo que estos y sus largos tienen en común es que los protagonizan pícaros y criminales, por lo que es posible asegurar que sus peripecias constituyen el mayor interés narrativo de este cineasta.

Por ello, las dudas acerca de las razones de su elección para llevar a cabo Star Wars VIII: Los últimos Jedi; no porque no se le pueda considerar un buen realizador de cine, sino debido a que la space opera no es su materia, y la importancia indiscutible su primera incursión en el género, económica y cinematográficamente hablando, no ayudaba a disminuir la incertidumbre. Lo de J. J. Abrams para El despertar de la Fuerza era lógico, y ha acabado brindándonos lo mejor de Star Wars y Star Trek, revitalizándolas con su buen hacer y su potencia audiovisual, de manera que resulta por completo entendible que vaya a dirigir también el Episodio IX. Pero, en el caso de Johnson, uno no las tenía todas consigo, y desconcertaba que incluso haya firmado el guion y, sobre todo, que LucasFilm, con Kathleen Kennedy a la cabeza, haya decidido encargarle una futura trilogía.

 

Sin embargo, más allá de géneros, intereses íntimos y experiencia en filmes de semejante relevancia, lo que hay que comprender es que Johnson ha demostrado su valía como cineasta en al menos dos de sus cuatro largometrajes, los distinguidos Brick y Looper, y con el primero en especial, pues se yergue claramente como uno de los mejores de su año, lo que le honra más por tratarse de su opera prima. Y, si a LucasFilm le preocupa de veras el talento y la calidad artística del resultado tanto como la solvencia comercial, no debe sorprendernos que apuesten sin vacilaciones por cineastas con el currículo acreditado de Johnson aunque se estrene en la space opera y en el cine más masivo y de veras legendario con Los últimos Jedi. Y lo cierto es que no se le ha visto con tanta inspiración como a Abrams, quien contó alegremente con la inestimable ayuda de los guionistas Lawrence Kasdan (El Imperio contraatacaEl retorno del Jedi) y Michael Arndt (Toy Story 3); pero no se puede decir de ninguna forma que Johnson no haya estado a la altura del reto que se propuso ni que la película que nos ocupa no sea satisfactoria.

 

Vuelven a la gran pantalla todos los elementos que han caracterizado al mito fílmico que es Star Wars (Lucas, 1977), uno de los pilares de lo que se considera cine moderno junto con El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972), en el cuarenta aniversario de su estreno para gloria de sus seguidores: las aventuras y las batallas espaciales, la Fuerza que une a la vida en cada galaxia del Universo, sus lados de luz y oscuridad y la emocionante lucha entre los dos, la filosofía orientalista de baratillo que entraña su religión, los maestros y los aprendices, la tecnología imaginativa y el colorido galáctico. Y todo ello sigue el camino hiperconocido que empezó en El despertar de la Fuerza, con los rebeldes combatiendo a la totalitaria Primera Orden y buscando esperanza de victoria del bien en la confrontación.

Uno de los detrimentos respecto del episodio anterior es la incapacidad inicial de Johnson para ofrecer la misma armonía audiovisual de Abrams, es decir, para que las secuencias se contemplen como si de una sinfonía con verdadera progresión emocional se tratara. En la primera parte se advierte una sencilla sucesión de escenas que, de todos modos, funcionan por separado y en conjunto, pero en las que la habitual banda sonora de John Williams parece que subraya en exceso y la sensación imponente de que los personajes que vemos interactuando sean los míticos de Star Wars brilla por su ausencia, lo que espanta la fascinación que deberíamos sentir, por ejemplo, durante las interacciones entre Rey, a la que interpreta de nuevo una esforzada Daisy Ridley, y el gran Luke Skywalker, al que no podía encarnar otro que Mark Hamill. Pero quien más sufre este espíritu desangelado es Leia Organa, a cuya actriz, la difunta Carrie Fisher, se dedica irremediablemente la película.

Sólo un hecho extraordinario que ella protagoniza destaca en este tramodisminuido del filme, un regalo muy de agradecer para nuestra querida ex princesa, que cambia la consideración de su personaje. Por fortuna, Los últimos Jedi se recupera de este letargo en su segunda mitad, no hasta el nivel de El despertar de la Fuerza pero sí para que no se le pueda atribuir una oportunidad perdida. Y se torna trepidante, con las aventuras de Finn (John Boyega) y la incorporada Rose Tico (Kelly Marie Tran), a los que se une DJ (Benicio Del Toro), un personaje que cuadraría en las historias que suele contar Johnson; con las poderosas demostraciones de Rey y la enérgica villanía de Kylo Ren (Adam Driver) o el Líder Supremo Snoke (Andy Serkis), la mayor intervención del General Hux (Domhnall Gleeson) o las escenas que comparten el intrépido Poe Dameron (Oscar Isaac) y la nueva vicealmirante Amilyn Holdo (Laura Dern).

El papel de la capitán Phasma (Gwendoline Christie) es casi testimonial, si bien no le privan de una buena escena inquietante; como los de Chewbacca (Peter Mayhew), C-3PO (Anthony Daniels), R2-D2 (Jimmy Vee), Maz Kanata (Lupita Nyong’o), quienes únicamente aparecen para poner su granito de arena el desarrollo de la trama y en un humor que no consigue funcionar como debería. Quizá la influencia de Rogue One (Gareth Edwards, 2016) se note aquí en una desesperanza a lo El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001-2003), y por la misma surge por fin en el último tercio y con una fortaleza inusitada la figura majestuosa del mítico Luke Skywalker, en una de las mejores secuencias de la película.



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